La sostenibilidad en minería ha acumulado muchos conceptos y pocos sistemas reales que la sostengan en el tiempo. El desafío ya no está en declarar compromisos, sino en construir una arquitectura institucional que permita que esos compromisos sobrevivan a los cambios de gerencia, de contexto político y de ciclo económico.
Cuando la sostenibilidad depende de personas clave y no de procesos claros, se vuelve frágil. La pregunta relevante para la alta dirección no es qué tan ambiciosa es la narrativa, sino qué tan integrada está en la toma de decisiones operativas, presupuestales y estratégicas.
Las empresas que avanzan con mayor solidez han incorporado la sostenibilidad como un criterio de gobierno, no como un programa paralelo. Esto implica reglas claras, roles definidos, métricas útiles y, sobre todo, coherencia entre lo que se promete y lo que se ejecuta en territorio.
En un entorno cada vez más exigente, la sostenibilidad deja de ser reputacional y se vuelve estructural. Menos discurso y más institucionalidad es, probablemente, la diferencia entre proyectos viables y proyectos permanentemente tensionados.
Créditos Rafael López.

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