En muchos proyectos, las relaciones comunitarias se reducen a una oficina, un equipo pequeño y una lógica reactiva. Eso suele ser insuficiente para la complejidad real del entorno minero.
El territorio no es solo la comunidad cercana. Incluye autoridades locales, organizaciones sociales, economías regionales y tensiones históricas que no siempre se ven en los estudios formales.
Gestionar territorio implica anticipar escenarios, mapear actores y entender cómo se articulan los conflictos. Es un trabajo estratégico, no solo operativo.
Cuando la empresa entiende eso, deja de apagar incendios y empieza a tomar decisiones más sólidas. Fuente Rafael López L.

